miércoles, 3 de octubre de 2007

Mi bici me la robaron

“Ya está, me compro una bicicleta, es la mejor opción para ir todos los días a la escuela.” Eso fue lo que se le pasó por la cabeza al amigo de mi primo cuando vio Sevilla, una ciudad completamente llana, con ese pedazo de carril bici, con ese tiempo primaveral de primero de octubre, con esa delincuencia…ah! que lo de la delincuencia nadie se lo había dicho, pues ya lo sabe, que aquí una bicicleta de doscientos pavos no se puede dejar amarrada ni en la puerta. Desde luego es para encabronarse, hay quien dirá que no se hubiera gastado doscientos pavos en una bicicleta, pero es que todos tenemos derecho a gastarnos el dinero en lo que queramos y a disfrutarlo.
Éste ya está escarmentao
Todo ésto estará ya pensado, o se piensa permitir el submundo del tráfico de bicicletas como en otras ciudades europeas. Lo que está claro es que es justo el momento de decidir que tipo de ciudad queremos ser, la ciudad de las personas o la ciudad de la delincuencia. A mí sólo me toca denunciarlo pero hay a quien le toca hacer algo que para eso cobran.

6 comentarios:

no+candados dijo...

Lo suyo es que todosdejemos las bicis sueltas y el que la necesita coge una y despues la deja sin atar, y con las ruedas hinchadas. LIBERTÁ de BICIS YA!!

Jesuso un tipo en desuso dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jesuso un tipo en desuso dijo...

A mi esa bisi me dura sinco minuto... cortafrio parriba,mi inglesa del catorse y ya tengo como ir to los dias al corte ingle... y que se me resista, que rotaflé y me llevo la valla have.

Anónimo dijo...

viva sevilla

la ciudad de la delincuencia!!!

vivan las 3000 vvvv

Anónimo dijo...

yo quiero votá a serranito

que aquí hase musha farta




la droga es la auténtica salud, el bienestar, la alegría...

al atracador!! al atracador!!

hay cinco derechos fundamentales innegables a la raza humana

saquebola dijo...

yendo en mi bici toque,
un culete tal vez,
y por aquel gesto infeliz,
a todo carajo tuve que huir.

Aboguemos por un mundo sin candados y sujetadores